Un momento de quiebre
Theo:
La rutina, la estructura de los días en nuestras vidas —la tuya, la de tu mamá y la mía—, se explica en la búsqueda de un equilibrio en el que tú eres el eje. Algunas decisiones han sido sencillas, han fluido como el agua; otras han sido difíciles, han requerido negociaciones y esfuerzos. Sin embargo, hay otras más que han parecido un terremoto: se han originado donde está la voluntad y han movido todo.
Es así como un día un objeto fue empacado en una caja para comenzar una mudanza. Una decisión que no solo ha conllevado un cambio de ciudad y de vivienda, sino el movimiento completo de nuestro sistema como familia.
Esta decisión provino de un momento de quiebre, de un instante que marcó un antes y un después. Una ruptura que me sacó de la fantasía del hombre y padre ejemplar.
Estaba en mi escenario de creación:
Escribía en un cuarto a puerta cerrada
Era de noche
Tenía la ventana abierta y la luz apagada
Un incienso encendido
De fondo una canción de Cornelio Reyna
Cenaba un sándwich y un café americano
Tenía el pecho descubierto
Mi vehículo era el escritorio. Era un viaje creativo en un entorno místico y primitivo.
De pronto tu mamá tocó la puerta. Toc, toc y se cimbró la Tierra.
—¿Qué pasó? —dije incrédulo.
—Me duele. No sé si es la vesícula, pero no se me quita y va en aumento —dijo tu mamá.
Me puse la playera. El mensaje era breve, como el de un sueño en fragmentos, pero mi cuerpo y mi mente captaron en un milisegundo una realidad que no había visto, o bien, no había querido ver: tu mamá no estaba bien y necesitaba mi apoyo y acompañamiento. El posparto era una losa. Le urgía un respiro y atender su salud.
Ese instante nos trajo hasta aquí, hasta el lugar donde vivimos ahora, como en un viaje cuántico. Porque en aquel momento comprendí que no había otra opción que tomar decisiones de gran calado.
Un especialista atendió a tu mamá al día siguiente. Un nuevo tratamiento médico para ella y un nuevo panorama para nuestro futuro. Uno en el que yo dejaba de vivir en mi propia fantasía.
Ha sido duro cambiar de ciudad, romper mi burbuja creativa, pero ahora me siento más consciente y menos narcisista.
Hoy necesito menos elementos a la hora de escribir. Nada de los objetos alineados de antaño. Tampoco la atmósfera mística.
En este nuevo escenario tú y tu mamá están dentro de la página.



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