'Poppy'
Theo:
A veces los momentos difíciles se vuelven oportunidades o las diferencias abren un campo para un nuevo entendimiento.
Esto me pasó apenas.
Una noche, un reclamo obsesivo de mi parte detonó una observación fuerte de tu mamá. Comenzamos a discutir y tú estabas en medio. Cuando el pleito estaba en su punto más álgido dijiste que te sentías triste. Decidí callar. Vi con claridad el impacto negativo que no quiero tener en ti.
A la mañana siguiente pediste que me transformara en Poppy, un títere de peluche con orejas de conejo y nariz de perro. Accedí. Agudizaba mi voz y platicaba contigo, te servía el desayuno y jugábamos. Cuando regresaba a mi voz pedías de nuevo a Poppy.
Mi mano enfundada en el títere te preparaba un huevo estrellado con cátsup. Era la cara de Olaf, el muñeco de nieve de Frozen. Comías alegre y una vez que terminabas un huevo pedías otro.
Le avisabas a Poppy que querías ir al baño, le pedías una película en la pantalla o jugaban con tus animales de plástico.
Fue duro darme cuenta de que Poppy era parte de tu mecanismo para sentirte tranquilo con papá desde la noche del conflicto. Difícil fue afrontar que además tomabas partido. Le decías a tu mamá frases con un tono de reclamo, es decir, reproducías al mismo tiempo lo que habías visto en mí.
Le propuse a tu mamá que evitáramos discutir frente a ti. El costo de hacerlo era muy alto para los tres.
Recordé los insufribles minutos de mi niñez cuando mis padres discutían. Sentía mucho miedo. Me sentía agredido. Sentía frustración por no saber cómo actuar.
No quiero contribuir a esos episodios en ti.
Días después tu mamá y yo hablamos con calma mientras tú jugabas. Necesitábamos conversar a fondo y con empatía para encontrar acuerdos. Negociar.
Desde hace algunos días Poppy descansa en una caja de juguetes.
Puedo ser Poppy, pero no quiero serlo. Prefiero que admitas mi voz, que sepas que puedes estar tranquilo y seguro.



Comentarios
Publicar un comentario