Soy padre: el difícil camino de la aceptación

Theo:

Aceptar en lo más profundo de mí que soy padre es uno de los caminos más difíciles que he recorrido. A la euforia de saber que existías se sumó un trayecto paralelo en el que he tenido que reconocer, en clave de códigos, el cambio drástico que implica ser padre.

Decir  al camino de la aceptación, en lugar de resistirme, se ha convertido en algo fundamental para vivir con conciencia mi presente con tu mamá y contigo. 

A veces es doloroso. Hoy, por ejemplo, me recupero de una lesión en mi espalda causada por agacharme bruscamente para cargarte mientras corrías despavorido por los pasillos de un Sanborn's. Te había perdido de vista un segundo y me espanté. Tu velocidad al escabullirte es digna de un ratón o de un auto de carreras. Mi cuerpo iba a entrar en pánico, así que decidí detenerte y cargarte.

El cambio más radical que he experimentado con la paternidad es el de modificar la óptica de mis prioridades. Antes era suficiente con esforzarme cada día por mí. Por las mañanas veía una serie de Netflix y por las tardes trabajaba. Listo. Tu mamá y yo nos acompañábamos como pareja con cierta independencia individual. Sin embargo, ahora, no puedo dar un paso sin tenerte presente. Un lazo invisible nos une. 

No es exagerada la idea pronunciada por un músico que también es papá: "Lo que los hijos hacen no es mejorar quién eres, es borrar quién eres y crear uno nuevo. Quien sea que tú eras antes de tus hijos, olvídalo". Esta frase me tocó fibras muy profundas. Me identifiqué totalmente. El cambio es hondo, no cosmético. 

Gracias a ti soy este ser nuevo que a ratos hace esfuerzos que parecen sobrehumanos, pero la recompensa es mi crecimiento y atestiguar el tuyo desde el día cero

Antes del cambio fui advertido por las runas, un sistema milenario de adivinación del futuro. El mensaje era rotundo y de ese calibre fue y sigue siendo la transformación:

He aquí la última runa perteneciente al Ciclo de Iniciación. Extraer Dagaz a menudo anuncia un cambio o progreso importantes en el proceso de la autotransformación, una transformación total de actitud, un giro de 180 grados. Para algunos, la transición es tan radical que dejan de llevar una vida ordinaria de un modo ordinario […] Se os recuerda que no caigáis en pensamientos de futuro o que os comportéis de forma temeraria en vuestra nueva situación. En un tiempo de transformación os puede guardar un trabajo duro y considerable. Acometedlo con alegría.

Tuve algunas hipótesis iniciales sobre el significado de aquella premonición. El paso del tiempo y la búsqueda de la quietud me han dado una respuesta única: la transformación a la que se refiere la runa es la de mi conversión a ser padre. 

Se ha borrado —como dice el músico— la persona que era antes de ser papá. El proceso es arduo. Hay momentos en los que me reconozco en mi nueva piel y hay otros en los que aún percibo vestigios de mi yo anterior.

Hay días en los que suspiro agotado y al cansancio se suma el dolor. Como estos últimos en los que mi espalda baja sufre atenazada por la compresión de las raíces nerviosas. Hay otros en los que suspiro cansado y al mismo tiempo me siento satisfecho. Una mezcla extraña entre cansancio y paz, una existencia entre dos planos: el de la vida regular y el de las sensaciones. En días así percibo un silencio interior, tranquilizador, mientras la vida transcurre.

Cierro los ojos y escucho el chirrido de una máquina que a lo lejos corta el pasto. Siento el aire fresco que entra por la ventana. Unifico el cuerpo y la mente. Me siento mejor con la integración que con la confrontación, con la armonía que con la discordancia, con la aceptación que con la evasión, con la valentía que con la cobardía.     

Este silencio es el recuerdo de la persistencia de las cosas. Es la puerta de acceso a la sensación de elevarme y sobrevolar ciudades, universos, espacios, territorios.

Se agregan los sonidos de los pájaros y el del motor de un auto va pasando. 

Bienvenida la sensación de que soy y tengo suficiente para estar en paz.

Me regalo la escritura como recompensa. Aun cuando no tengo nada, poseo algo.

Acepto que soy padre. 






Comentarios

  1. Que cierto lo que escribes, aun recuerdo mi yo anterior antes de ser madre, pero ya no me percibo sin mis hijos que son mi motor, que buena reflexión

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas populares